Un Camino de Santiago japonés
Ojizosama
Las capillas se cambian por pagodas y las flechas amarillas por muñecos rojos. Tallas budistas a cambio de cruces y un gorro susenaga que portar en lugar de una vieira. Pero la filosofía es la misma: en torno a Shikoku, una isla semidesconocida al sur de Japón, discurre un Camino de Santiago. Peculiarmente circular, el peregrinaje de los 88 templos sagrados de Shikoku sigue el perímetro de la isla a lo largo de 1.400 kilómetros.
“Los templos solo marcan el peregrinaje, no son el peregrinaje”, es una frase que escuchamos varias veces en la isla. Una famosa cita del libro Peregrinaje japonés, que a pesar de ser cierta se puede poner en duda al entrar en algunos de los 88 templos budistas. Un ejemplo: cojamos el número 51, Ishiteji, uno de los más conocidos. Algo que no extraña cuando lo ves. Pongamos que estás en Dōgo Onsen, un famoso balneario del siglo XIX. Y que para llegar al templo sabes que hay que seguir una carretera hasta encontrar una cueva oculta excavada en roca. Supongamos que la encuentras -no a la primera-, y que recuerdas lo que te han dicho sobre que es una alegoría del camino hacia la iluminación budista. Por eso te internas en las tinieblas que cubren un pasillo de cientos de metros, dividido a lo largo en dos por una cuerda, atada a su vez a decenas de estatuillas de piedra con gorros y baberos rojos. Que sonríen tan en paz como perturban.
Para leer el resto del Blog de L. Pejenaute / J. Galán, seguir este enlace, http://blogs.elpais.com/rumbo-al-este/2013/05/el-otro-camino-de-santiago-japonés.html
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