Sexo, poder y un final inesperado
Sexo, poder y un final inesperado: el crimen que enterró la Belle Époque
En 1914 Europa se despeñaba en el abismo de la primera guerra mundial pero en Francia la prensa sólo prestaba atención a un asesinato que convulsionó al país
Henriette Caillaux
"¿Sabe usted por qué he venido?" "Pues no, Madame". Sin mediar palabra sacó su mano derecha del manguito protector y apuntó su pequeño Browning a la víctima, propinándole seis tiros a bocajarro. La muerte fue instantánea. Eran las seis de la tarde del lunes 16 de marzo de 1914. La calle empezaba a desperezarse del fin de semana. En el despacho principal de Le Figaro yacía el cuerpo de su director, Gaston Calmette, amigo de muchos literatos, entre ellos Marcel Proust, quien le dedicó el primer volumen de su 'Recherche' por su apoyo a la hora de convencer al editor Grasset para aventurarse en tan extraña peripecia, incomprendida por anunciar el mañana desde la disección del ayer.
La pistola humeaba. Su propietaria era Henriette Caillaux. La había comprado el día anterior en un negocio donde su marido recibía agasajos y parabienes. Fue detenida por los empleados del periódico e insistió en no ser tocada por esos chupatintas de poca monta. "Je suis une dame". Al llegar las fuerzas del orden pidió trasladarse a la comisaría en su propio vehículo. No hubo problema alguno. Tenía el prestigio de su lado al ser la esposa de Joseph Caillaux, ministro de finanzas y líder indiscutido del Partido Radical, hombre fuerte de la Tercera República hasta esa fecha, hasta ese acto meditado que supuso la primera rúbrica para finiquitar la Belle Époque.
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