En El Comidista intentamos ser un compendio de buenas ideas, recetas sanotas, sentido común nutricional e información interesante para evitar el Lado Oscuro. Pero también somos animalitos curiosos, nos gusta probar cosas nuevas y nos mata la intriga cuando amigos malintencionados empiezan a usar sus teléfonos no-siempre-inteligentes para mandarnos fotos de patatas chips untadas en sabores imposibles.
Puedo vivir medio tranquila sabiendo que existen las patatas con sabor a huevo frito. Pero cuando me enteré de que también las hay de salsa de aperitivo para berberechos, boloñesa, queso y trufa o vino espumoso, la curiosidad empezó a devorarme por dentro como el bicho de Alien, y pensé, ¿por qué no? Si ya hemos comido larvas, saltamontes y huevos de chinche y degustado preservativos y lubricantes que parecían hechos con fruta radioactiva, ¿qué mal pueden hacer unas inocentes patatas con bien de aceite, algún que otro aroma y potenciadores de sabor, además de otros ingredientes ignotos salidos de un laboratorio?






