Las patatas bravas de Bohèmic
La Alacena de Carlos Herrera. Bohèmic, síntesis de las 'bravas' barcelonesas
Barcelona ha dedicado años y años a las patatas bravas. Diría yo que hubo épocas en las que sólo era posible degustar como tapa unas patatas bravas, excepción hecha de "la bomba" de la Barceloneta y los embutidos soberbios de "La Pineda", a los que habrá que dedicar un día unas cuantas loas aparte. En cuanto los barceloneses empezaron a apreciar la comida por entregas -es decir, la tapa- surgieron artistas debajo de las piedras y elaboraron una oferta que ha ido adquiriendo alma poco a poco hasta conformar opciones descomunales.
Si descontamos determinados barrios en los que las costumbres de bar eran otras, en el centro, entendido como Ensanche y otros colectivos, uno podía acercarse a "La Gran Tasca" en la calle Valencia y darse al menudeo como Dios mandaba, pero poco más. Y zamparse patatas bravas con el mismo ansia que son zampadas ahora en el "Inopia" de la calle Tamarit -local del corte de aquella Gran Tasca pero con la evolución de los tiempos, osea, con el toque de Ferrán Adriá- o en Bohèmic, en la cercana calle Manso.
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ACERCA DE, Carlos Herrera.- Carlos Herrera es periodista viajero, curioso y con buena memoria. Tiene la suerte de poder comer dos veces al día y, alguno de ellos, hacerlo fuera de casa. Husmeando por cocinas y despensas ha dado con un buen número de mesas y manteles al alcance de todos. Dignos de ser reconocidos, buena parte de esos refectorios y alacenas desfilan por esta sección en la que proclaman sus lugares favoritos.- Añadir nuevo comentario






