La liberación de Lee Miller
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La fotoperiodista y musa del surrealismo fue la gran testigo de la entrada de las tropas estadounidenses en París, acontecimiento del que se cumplen 70 años
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La gran memoria de la barbarie, por JACINTO ANTÓN
Lee Miller se da un baño en la residencia de Múnich de Adolf Hitler. / DAVID E. SCHERMAN (THE LIFE PICTURE COLLECTION/GETTY IMAGES)
Aquel lluvioso día de octubre de 1932 en el que Lee Miller abandonó su apartamento del bohemio Montparnasse, su amante y maestro, Man Ray, se autorretrataba con una pistola en la mano y una soga alrededor del cuello. Atrás quedaron los días en los que, subyugado y obsesionado por la belleza y el talento de la modelo estadounidense, el fotógrafo diseccionó su cuerpo con su cámara, convirtiéndola en musa e icono de la dorada vanguardia artística parisina. Le abandonó dejándole la gloria de haber encumbrado la técnica de la solarización —fue ella quien la descubrió por error—, pero sin haber traicionado a su indómita naturaleza, incapaz de someterse a ninguna exigencia de fidelidad. El 25 de agosto de 1944, el lunes hará 70 años, la venus rubia del surrealismo, símbolo de aquello que la guerra había destruido, regresaba a la capital francesa vestida de militar, como corresponsal del ejército americano: París había sido liberado.






