El contador de mujeres
Un ensayo imprescidible del argentino Edgardo Dobry profundiza en la mítica y universal figura del insaciable burlador Don Juan sin renegar de la tradición hispánica
Manuela Vellés y Álex García en el montaje de Darío Facal para 'El burlador de Sevilla' de Tirso. SERGIO PARRA
Una silueta cuyo rasgo fundamental es la insaciable voracidad numérica; un personaje mítico que carece de referencia definitiva, un nombre del que cada tradición nacional (desde la España de los siglos de oro hasta nuestros días) se apropia para ofrecer una versión que no colma ni puede colmar el ansia de definición: don Juan. Casi podría decirse (y Edgardo Dobry lo capta con extremada penetración) que el burlador es un contable —su instrumento es un secretario— y que es incidental que sean mujeres lo que enumere. Aunque sólo puede contar mujeres; mujeres de otro propietario. Las mujeres son el lado oscuro de este ensayo luminoso. De esta manera lo incidental —las mujeres— se transforma en necesario (es lo único que don Juan puede contar), y ata a don Juan a la peor de las servidumbres, a la enfermedad del moderno: ese bulímico e inagotable que se complace en el presentimiento de que su “gozar” (el verbo es de Tirso) será insatisfecho.
Para leer el resto del artículo de NORA CATELLI, seguir el enlace. https://elpais.com/cultura/2017/08/02/babelia/1501683758_475313.html?por=mosaico
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