Adjudicado… al algoritmo!
Dos empleados de Sotheby’s muestran 'Untitled (Yellow and Blue)', de Rothko, en Londres en 2015. TIM IRELAND AP
En la época del análisis masivo de datos (big data), los algoritmos tientan la que quizá sea la última frontera que separa el arte y el dinero. Esa gramática de números que simplifica y automatiza operaciones complejas se ha fijado en los grandes maestros (Picasso, Rothko, Pollock) y en los que aún faltan por descubrir. Con una idea sencilla: utilizar las matemáticas para saber qué artistas y qué obras hay que comprar. Si los robots inversores ya se emplean para especular con toda clase de activos financieros, ¿por qué no adiestrar algoritmos que identifiquen a los artistas y a las piezas más rentables?
La respuesta inquieta en el mundo del arte porque supone eliminar el factor humano de la ecuación de decidir. Ni siquiera el coleccionista y asesor Stefan Simchowitz —a quien The New York Times retrató como el “mecenas Satán del mundo del arte”, por su estrategia de comprar obras de artistas jóvenes y revenderla a enorme velocidad— se ve representado en ese lienzo. “El impulso de comprar arte viene guiado por las mejores y más repulsivas variables: amor, codicia, lujuria, esperanza, miedo, belleza, inspiración, envidia; lo divino, lo brutal, lo intelectual, la obsesión por el estatus, la búsqueda de valor”, desgrana Simchowitz. “Quizá en un futuro lejano se pueda utilizar la inteligencia artificial para comprar arte, pero no algoritmos”, sentenció aterrado ante la idea de dejar la creación plástica al albur de los números. “El arte es algo tan subjetivo que me parece difícil automatizarlo”, valora Diego M. Oppenheimer, consejero delegado de Algorithmia, una start-up de Seattle (Estados Unidos) que comercia con algoritmos.
Para leer el resto del artículo de MIGUEL ÁNGEL GARCÍA VEGA, seguir el enlace. http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/31/actualidad/1477928174_443994.html
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